De sufrir a planear: del Optimist a los IOR

De sufrir a planear: del Optimist a los IOR

45 años viendo cambiar los barcos desde dentro

Parte 1 — Del Optimist a la navegación IOR

Todo empezó gracias a mi padre

Él ya navegaba desde joven, primero en vela latina, y cuando yo empecé fue también mi primer monitor. La tradición náutica venía incluso de una generación anterior: un tío abuelo mío llegó a tener un yate de unos 30 metros, algo realmente excepcional para aquella época.
Mi padre  navegaba con mi madre en Snipe, así que en casa la vela formaba parte de la vida mucho antes de que yo supiera lo que era una fórmula IOR. 
Yo empecé en Optimist. En 1976, con aquel pequeño casco de madera, mástil de madera que se inflaba con el agua salada en la fogonadura y no había quien desarbolara el barco , una vela y ninguna electrónica, mi mundo náutico cabía prácticamente entero dentro de 2,30 metros.
Y a mí me parecía enorme.
Dos años después, en 1979, gané el Campeonato de la Federación Sur-Atlántica de Optimist, y aquello me llevó al Campeonato de España en Mallorca.
Recuerdo llegar allí y pensar que algún día volvería.
No sabía entonces hasta qué punto iba a cumplirse.

Nacho Lamadrid navegando en Optimist en 1977

De repente, 26 pies me parecían enormes

Cuando dejé el Optimist, mientras seguía navegando en distintas clases de vela ligera, cuidaba un Puma 26 de un tío mío. Aquel barco de 26 pies me parecía enorme. Hoy hace gracia pensarlo después de haber navegado y trabajado en yates de más de 45 metros, pero entonces subir a bordo de aquel Puma era entrar en otro mundo.

Después llegaron el Flying Dutchman, el 470, el TDV y el Tornado. Cada clase enseñaba algo distinto: equilibrio, velocidad, trimado, anticipación y, sobre todo, a sentir el barco. Sin pantallas que te dijeran lo que estaba pasando.

De la vela ligera a los IOR

El salto definitivo a los cruceros llegó con un Elvström 3/4 Ton. Con él empecé a descubrir otra forma de navegar: barcos más grandes, más tripulación, noches en el mar y regatas que ya no terminaban unas horas después de la salida.

Mi primera travesía de más de 400 millas fue de Cádiz a Vigo, con un capitán de la Marina Mercante. Justo despúes de la regata del Sherry Aquello ya era otra cosa.

Después llegaron las regatas de altura: ocho Huelva–La Gomera, Príncipe de Asturias, Sherry, Copas del Rey, la Vuelta Ibérica…

Aquellos años también me llevaron a proyectos y competiciones de primer nivel: formé parte del equipo de construcción del primer desafío español de la Copa América y participé en Campeonatos del Mundo de 50 pies y Maxis.

Aquellos fueron mis primeros años de navegación IOR, una época de barcos muy diferentes a los actuales… Barcos estrechos de popa, pesados para los estándares actuales y diseñados alrededor de una fórmula de medición que condicionaba sus formas. En ceñida podían ser magníficos, pero cuando el viento se iba a popa empezaba la diversión: correr con mar y viento fuerte exigía manos, concentración y bastante respeto.

Todavía no planeábamos como hoy. Muchas veces, simplemente sobrevivíamos más deprisa.

Antena 3 navegando en la Vuelta Ibérica de Vela durante la época IOR

Los IOR tenían unas popas muy estrechas, especialmente comparadas con las de los barcos actuales.

Con viento fuerte en portantes, a medida que aumentaba la velocidad la popa tendía a hundirse y el barco empezaba a arrastrar una enorme cantidad de agua.

Mantenerlo bajo un spinnaker podía convertirse en un trabajo serio.

Hoy basta mirar la popa de un diseño moderno para entender cuánto ha cambiado todo: más manga, más volumen y una salida de aguas mucho más limpia.

El barco acelera, libera el agua, surfea y puede llegar a planear.

Nosotros llegamos incluso a vivir situaciones en las que había que hacer justo lo contrario: frenar el barco.

En condiciones duras se podían llegar a largar cabos por popa para reducir velocidad y mantenerlo bajo control.
No es que fuéramos más prudentes.
Es que los barcos eran otros.

Navegación IOR a bordo del Lanjarón, yate de regata de 50 pies

Tripulación del Lanjarón (Juno), de popa a proa: Milmi (armador), Toño Gorostegui (caña, medallista olímpico y campeón del mundo), Joan Vila (navegante, tres veces ganador de la Copa América y ganador de la Volvo Ocean Race), Pichu Torcida (bicampeón del mundo de J/80 y campeón de Europa de J/70), George, David Madrazo, Talo, Nacho Lamadrid y Arriza.

Cuando el hombre todavía podía ganarle al barco

Hay una historia que para mí resume bastante bien aquella época.
En una de las Huelva–La Gomera navegábamos un One Tonner IOR.

De madrugada, con unos 40 nudos de alisio, acabamos dando una buena voltereta.

Serían aproximadamente las tres de la mañana.Recuperamos el barco, comprobamos que todo estaba en condiciones para continuar y volvimos a izar otro spinnaker.

Éramos jóvenes. Eso seguramente explique parte del asunto.

Terminamos ganando la regata y estableciendo aquel año el récord de Huelva a La Gomera: 765 millas en 103 horas.

Aquella noche resume bien una época de navegación IOR y una generación de barcos y navegantes.

Había momentos en los que todavía podíamos exigirle al material casi tanto como el material nos exigía a nosotros.

Pero eso estaba a punto de cambiar.

El barco estaba a punto de cambiar

En los años siguientes cambiaron las reglas, las formas y los materiales.

Las popas se ensancharon, los cascos empezaron a liberar el agua de otra manera y el aluminio comenzó a dejar paso al carbono.

Poco a poco dejamos de luchar contra el barco para empezar a aprovechar su velocidad.

Pasamos de sufrir a planear.

Y ocurrió algo que entonces no imaginábamos: los barcos evolucionaron tan deprisa que acabarían siendo más fuertes, más rápidos y, en muchos casos, más fáciles de manejar que nosotros.

Pero esa es la siguiente historia…